En una época en la bamiyan-buddhasque la Naturaleza y el Arte son masacrados tanto como los pueblos, hay un peligro real de que el mundo acabe siendo una ruina distópica, un yermo de cascotes de cemento en el que salir a la calle entrañe mil peligros.

El mundo antiguo y el moderno ya están casi perdidos por completo. A pasos de gigante, calzado además con botas de siete leguas, se va destruyendo todo lo hermoso del mundo. El ser humano, si no está arropado por la belleza, tanto natural como artística, si vive en entornos horribles, acaba siendo un monstruo capaz de las mayores atrocidades. Y al revés, cuando se ve lícito arrasar naturaleza y arte es porque las personas ya han llegado a ese estado monstruoso, sin empatía, indiferentes al sufrimiento y la crueldad.

El compromiso que debería guiarnos a los artistas es el de restituir en la medida que nos sea posible esa belleza perdida. Cuando se reduce a cascotes una escultura asiria por parte de auténticas bestias desprovistas de humanidad, cultura y el más mínimo atisbo de raciocinio, los artistas deberíamos abandonar las posturas cínicas y consagrarnos a embellecer el mundo. Del mismo modo que cuando se arrasan hectáreas de selva tropical se deberían plantar nuevas selvas, o cuando se cierra un hospital o una escuela mover todos los resortes para reabrirlos.

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Un comentario en “El compromiso por la belleza

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